
San Jorge en el bosque, de Albrecht Altdorfer (1510), en la Alte Pinakothek de Munich
Albrecht Altdorfer fue uno de los grandes pintores alemanes del Renacimiento alemán junto a Alberto Durero o Lucas Cranach "El Viejo".
Nacido en Ratisbona hacia 1480, se disputa con el propio Cranach la autoría de ser el creador de la llamada Escuela del Danubio, una escuela pictórica que estaba influida por los paisajes de los márgenes del río.
Como se ve en esta obra, Altdorfer da un menor tamaño al tema, dando mayor importancia a la naturaleza que ya había plasmado previamente en sus frecuentes viajes por el territorio germano, de forma casi similar a lo que harán en un futuro algunos artistas románticos en el siglo XIX.
La visión de la naturaleza, no solo en el bosque, probablemente la Selva Negra alemana, sino también en el fondo montañoso que se ve entre los árboles, nos muestra cierto nivel de detallismo y de preocupación por lo natural de forma similar a los pintores flamencos de su misma época o incluso a los paisajes de Ruysdael, varios siglos posterior.
La realización de la figura del santo, vestido con armadura de la época, y que lucha contra el dragón, propio de su iconografía, nos puede recordar también a su actividad grabada, importante en el momento, ya que proporcionaba una gran fuente de ingresos y que realizaron también otros artistas como el propio Durero.
Cabe decir que debido a ese gran conocimiento y gran detalle de sus estampas xilográficas, Altdorfer fue nombrado por el emperador junto a Durero y otros artistas para que realizaran una serie de grabados que ensalzaran su persona y a su familia, destacando el llamado Triunfo del emperador Maximiliano.
Altdorfer desarrolló también unagran actividad política en la propia ciudad de Ratisbona, siendo miembro del consejo de la ciudad,ocupándose de las defensas en previsión de un posible ataque turco, además, rechazó en 1528 el cargo de burgomaestre que se le ofreció.
Tras enviudar en 1532, un año más tarde formó parte del Consejo Municipal que decidió que la ciudad de Ratisbona abrazara la fe luterana. Cuando murió en 1538, fue enterrado en la iglesia de los agustinos de su ciudad natal, habiendo sido ciudadano rico y respetado.
Y la banda sonora de esta semana: os dejo con los finlandeses Teräsbetoni y su Älä Mene Metsään (No entres en el bosque)

Monje a la orilla del mar (1808-1810), de Caspar David Friedrich, en el Staatliche Museen de Berlín
Este cuadro es considerado como uno de los más bellos del artista romántico alemán por excelencia. En este momento la actual Alemania había sido conquistada por las tropas napoleónicas, que disolvieron el Sacro Imperio Germánico, que provenía del siglo X.
Friedrich es, como he dicho antes, el gran autor alemán de esta época, además de conocedor de las teorías de Kosegarten, un sacerdote protestante que había sido enviado por la iglesia protestante a predicar y a adoctrinar en la isla de Rügen.
Según estas teorías, Dios se encuentra presente en todos los elementos de la naturaleza. Además,al igual que a Friedrich, este sacerdote también influyó a otros artistas importantes de la Alemania de la época, como Kersting o Rünge.

Detalle del Monje a la orilla del mar
Por tanto, y siempre siguiendo dichas teorías, podríamos ver al monje como al ser humano, perdido en el camino de la vida meditando o buscando a Dios, o quizás podría pensarse que el propio monje fuera una representación del propio sacerdote frente a las costas de la isla que tanto visitó el pintor a lo largo de su vida.
Sin dudas, el empequeñecimiento de la figura humana frente a la grandiosidad del paisaje hace pensar más en las ideas del propio Kosegarten: Dios se encuentra presente en toda la naturaleza y por tanto, en este ejemplo, el gran espacio ocupado por el paisaje correspondería a la infinutud y grandeza del Creador, frente al ser humano, minúsculo y abrumado por la naturaleza, a la que no puede controlar.
Esta obra concretamente fue expuesta en la Academia de Berlín en septiembre de 1810, siendo comprada por el príncipe heredero Federico Guillermo de Prusia junto a la pareja de la misma, la Abadía en el encinar.
En esas mismas fechas Friedrich fue elegido como miembro de la Academia de Berlín con un margen mínimo de votos: cinco a favor y cuatro en contra.
A partir de entonces comenzaría a ascender de forma meteórica la carrera de este pintor, que siempre trató de revestir a sus cuadros con cierta idea religiosa.
Y ahora os dejo con los austriacos Daargard y su A path in the dust.
Disfrutadla!!

El Triunfo de la Muerte, de Pieter Brueghel "el Viejo" (1562), Museo del Prado, Madrid.
El Renacimiento supuso un cambio de mentalidad en toda Europa. Mientras que en Italia había una mayor preocupación por el ser humano y sus proporciones, o la importancia de los textos clásicos, en el norte de Europa, entre otras cosas, se iniciaba la lucha por el reconocimiento del artista como una persona que realizaba un arte intelectual y no un arte liberal, una lucha iniciada por el propio Alberto Durero tras su segundo viaje a Italia.
En el caso de los Países Bajos, a finales del siglo XV comenzaron a aparecer pintores importantes que comenzaron a innovar en el campo de la pintura, bien por los estudios de proporciones en sus obras o bien por adelantos que pronto aceptaron otros, como el cambio de la pintura al temple de huevo por la pintura al óleo, llevada a cabo por Jan Van Eyck.
Centrá¡ndonos en el autor de esta obra, Pieter Brueghel fue un artista que plasmó en numerosas obras una sátira, al igual que habían hecho autores previos como El Bosco o como harían posteriores como Metsys. Además, fue el iniciador de una larga estirpe de artistas, todos con su apellido, entre las que destaca su propio hijo Jan Brueghel "El Viejo".
En esta obra vemos además el recuerdo de múltiples murales medievales en los que aparecía la llamada "Danza de la Muerte", ya que ésta hace que todos los seres humanos, de cualquier condición, edad y raza bailen a su son, aunque si lo comparamos con El Jardín de las Delicias de El Bosco no aparecen diversas hordas demoníacas y la posibilidad de un paraíso, sino que solo aparecen esqueletos y la ausencia de un lugar para los elegidos, mostrándonos cierto pesimismo por parte del autor.

La muerte llevándose a diversos personajes de cualquier estamento social.
Esta obra puede quizá¡s incluso recordar al espectador a los pasajes del Apocalipsis, cuando la Humanidad es diezmada por los cuatro jinetes, debido al paisaje desolado donde se nos presenta el lienzo. En diversos detalles del mismo vemos que la muerte se lleva a sus víctimas de formas diversas: con armas, con sus propias manos..

El caballero se enfrenta a la muerte
En este último detalle presentado vemos ciertos momentos distintos que podría afrontar el ser humano ante la llegada de la muerte que le rodea, tanto por el frente como por su espalda, con las hordas de esqueletos cuyos escudos son tapas de ataúd.
Por un lado se encuentra el juglar, que aterrorizado se intenta esconder debajo de la mesa, probablemente para evitar que la muerte le encuentre.
Como oposición encontramos al caballero que se enfrente a la muerte en un feroz combate, que antes o después perderá, puesto que ese es el destino del ser humano.
En la esquina vemos a una pareja de amantes embelesada en la música e ignorando todo lo que pasa a su alrededor. Quizás como burla del propio músico o como su destino final, aparece detrás de la pareja la muerte tocando el laúd.

La muerte acarreando los cadáveres de sus víctimas
Este detalle del cuadro nos muestra a la muerte avanzando hacia la humanidad. En su carro se encuentran los huesos de los ya fallecidos, que probablemente formen en un futuro no muy próximo parte de sus filas y la ayuden a continuar con su avance inexorable.
Inapreciable en este detalle, a excepción de la barca, pero si en la vista general, se encuentran en el paisaje multitud de cruces, siempre solitarias, dando una cierta idea de impotencia de lo divino ante el sufrimiento que tiene la Humanidad y por tanto, quizás, como se mencionó al principio de la entrada, de pesimismo y cierto ateísmo.
Esta obra probablemente fue inspirada por los diversos episodios de peste que asolaron toda Europa en el siglo XIV, aunque otros estudiosos lo ponen en relación con las consecuencias que tiene la guerra, siendo este cuadro entonces una clara alegoría de ello.
Y ahora, para acompañar a esta entrada, subid bien los altavoces y sumergíos en esta pintura con Dies Irae (Día de la Ira), correspondiente a la Misa de Réquiem medieval.
Aquí está la canción: Dies Irae

Ophelia, de John Everett Millais (1852) Tate Gallery, Londres
Esta obra es una de las más destacadas dentro de la sociedad Victoriana y a su vez dentro de la Hermandad Prerrafaelita.
Dicha Hermandad fue fundada en 1848, por los pintores John Everett Millais, Dante Gabriel Rosetti y Holman Hunt y apoyada por críticos como John Ruskin. Se dio a conocer el año posterior a su creación en una exposición que fue muy criticada, y en donde todos los artistas que pertenecían a la misma firmaron con las iniciales P.R.B. (Prerrafaelite Brotherhood). Esta hermandad rechazaba el arte académico predominante en la Inglaterra del siglo XIX, ya que desde su punto de vista ésta solo perpetuaba el manierismo de la pintura italiana posterior a Rafael y a Miguel Ángel.
Estos autores deseaban evocar el arte de los pintores anteriores al Quattrocento, basándose en los temas cultivados por dichos artistas, aunque también se veían atraídos por la temática medievalista e incluso legendaria, como el caso del ciclo artúrico o leyendas grecorromanas.
Entre los objetivos de los prerrafaelitas se encontraba el expresar ideas sinceras y el estudio de la naturaleza, de forma similar a lo que harían en un futuro los pintores impresionistas. Fascinados por lo medieval, pensaban que entrañaba una integridad espiritual y creativa que se había perdido a lo largo del tiempo.
En el caso de esta obra, el artista se basa en Hamlet, la tragedia de William Shakespeare y más concretamente en el momento de la muerte de su protagonista femenina, Ofelia, tras haber perdido la razón al ver a su amado Hamlet matar a su padre y acercarse al río a recoger flores, ahogándose en él.

Detalle de la calavera del padre de Ofelia o del padre de Hamlet
Para la realización de la obra Millais la llevó a cabo en dos fases. En la primera se dedicó al estudio de la Naturaleza y a plasmar en el lienzo las especies vegetales con tanto detallismo que incluso científicos han podido identificar cada una de las plantas que el pintor empleó para el fondo del lienzo.

Detalle de las flores pertenecientes al ramo de Ofelia
Para la segunda fase Millais contó con la colaboración de la modelo, musa, pintora de la
hermandad prerrafaelita femenina y futura esposa de su amigo Rosetti, Elizabeth Siddal, llamada cariñosamente por todos como Lizzie Siddal.
Millais hizo posar a Lizzie durante todo el invierno en una bañera para realizar la composición de Ofelia ahogada. El agua se calentaba mediante unas lámparas que el propio pintor había colocado bajo la tina, pero se cuenta que un día las lámparas se fundieron y lentamente el agua comenzó a helarse, y mientras el artista se encontraba embelesado realizando los dibujos preparatorios Lizzie ni se inmutó.
Al acabar la sesión ésta se sintió muy enferma, probablemente con un fuerte resfriado o una pulmonía. Su padre denunció al pintor, haciéndole responsable de la enfermedad y obligándole a pagar las facturas del médico.
Cabe decir que la modelo falleció, al igual que la protagonista del drama shakespeariano, de forma trágica, debido a una sobredosis por láudano en 1862.

Boceto preparatorio para la Ophelia
Tras su matrimonio, Millais realizará una pintura mucho más asequible y comercial, siendo criticada por el propio John Ruskin e incluso por artistas como William Morris, pero él justificó el cambio apoyándose en su evolución como artista, proponiendo como modelos a Rembrandt y a Velázquez.
En sus últimas obras mostrará especial interés por la exploración del globo y por la expansión del Imperio Británico.
Cabe decir que en 1896 fue nombrado presidente de la Academia de Bellas Artes, pero ese mismo año murió debido a un cáncer de garganta.
Y ahora os dejo con una canción en relación con esta obra: Opheliac, de Emilie Autumn
Bienvenidos todos los que hayáis descubierto este pequeño rincón. En él se pretende dar a conocer y explicar obras de arte que gran parte de la gente conoce, pero quizás le guste saber más sobre ellas que simplemente su autor o el contexto en el que fue realizada.
No solo se comentarán obras de origen europeo, sino que trataremos de expandir el ámbito geográfico e histórico hacia Oriente y hacia Occidente, tratando de abarcar todas las etapas artísticas de los diversos pueblos de la tierra.
Además, cabe decir que este pequeño hueco artístico está siempre abierto a sugerencias para que entre todos disfrutemos y ampliemos nuestra cultura.
Después de esta pequeña presentación solo queda deciros que disfrutéis de este espacio y que os abrochéis los cinturones para sumergiros en las diversas etapas de la historia y disfrutar del maravilloso mundo del arte.